martes, 10 de agosto de 2010

Cabecera del río Pirón. Santo Domingo de Pirón (SG). 8-8-2010 // 1400 - 1800 msnm

Acompañamos a unos amigos de la asociación ARBA (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono) a prospectar estas vertientes segovianas de la sierra de Guadarrama en busca de tejos (Taxus baccata), con el fin de perfilar su distribución y conocer su abundancia en la zona. 
Comenzamos la excursión de madrugada, así que nos da tiempo a visitar primero la cabecera del río Cambrones, afluente del Eresma cuyo curso sigue un trazado perpendicular al del Pirón a causa de un resalte montañoso.


El tejo es una conífera de copa oscura, ramificación densa y hojas aciculares aplanadas que representa aquí una reliquia de los bosques de la era Terciaria, al igual que otro árbol que también encontramos, el acebo (Ilex aquifolium). En la actualidad, tanto el uno como el otro aparecen de forma escasa en las montañas del centro de la Península, siempre en el límite de su área de distribución y normalmente de forma aislada dentro de formaciones forestales de preferencias templadas (frescas y húmedas). En la cabecera del Pirón los encontramos acompañando a pinos albares (Pinus sylvestris) de repoblación, en matorrales (lo que predomina es el cambronal de Adenocarpus hispanicus), roquedos, vaguadas con brezo blanco (Erica arborea) o en emplazamientos con álamo temblón (Populus tremula) y sarga negra (Salix atrocinerea). Su ubicación escasamente sobrepasa la cota de los 1600 m de altitud.


Pero el interés botánico de la cabecera del Pirón no sólo reside en sus tejos y sus acebos. Según caminamos por sus laderas neísicas enseguida apreciamos plantas muy poco frecuentes en el Guadarrama. La que más llama nuestra atención es el vedegambre (Veratrum album), una liliácea venenosa que tenemos la suerte de contemplar en el final de su floración. El vedegambre es uno de los escasos representantes que tenemos por aquí de los denominados megaforbios; herbáceas vivaces de gran tamaño que de forma localizada constituyen formaciones ligadas a espacios montanos, húmedos y nitrificados.


Otra herbácea de interés que también encontramos en flor es una violeta, la Viola montcaunica (del Moncayo), una especie acidófila endémica de los sistemas Central e Ibérico.


A lo largo de la excursión anotamos las plantas que vamos reconociendo. Entre los árboles encontramos:
Acebo (Ilex aquifolium)
Pino albar (Pinus sylvestris)
Álamo temblón (Populus tremula)
Sarga negra (Salix atrocinerea)
Tejo (Taxus baccata)
Los arbustos son los siguientes:
Codeso (Adenocarpus complicatus) FL
Cambroño (Adenocarpus hispanicus). Alguno todavía con flores a 1700 m.
Piorno (Cytisus oromediterraneus)
Brezo blanco (Erica arborea)
Arraclán (Frangula alnus)
Jabino (Juniperus alpina)
Enebro (Juniperus hemisphaerica)
Hiniesta (Genista cinerascens)
Retama blanca (Genista florida)
Tomillo (Género Thymus) FL
Entre las herbáceas destacamos sólo las especies que florecen. Una buena parte de éstas se localiza en ubicaciones con humedad edáfica (*), como orillas de cursos fluviales, cervunales y otros medios higroturbosos.


En los medios secos de los interfluvios el pastizal está agostado en su mayor parte. El listado de herbáceas en flor es el siguiente:
Acinos alpinus
Campanula herminii (*)
Campanula lusitanica
Carduus carpetanus
Chenopodium bonus-henricus
Cirsium palustre (*) (foto 1)
Digitalis purpurea
Galeopsis ladanum 
Galium rotundifolium
Hieracium (Pilosella) castellanum?
Juncus acutiflorus (*)
Juncus effusus (*)
Lactuca viminea
Linaria elegans
Linaria nivea
Lotus pedunculatus (*) (foto 2)
Luzula lactea (foto 3)
Mentha longifolia (*)
Mentha pulegium (*) 
Merendera montana
Nardus stricta (*)
Omalotheca sylvatica (foto 4)
Parnassia palustris (*)
Rumex suffruticosus
Santolina rosmarinifolia
Sedum amplexicaule
Sesamoides purpurascens
Teucrium scorodonia (*)
Veratrum album (*)
Viola montcaunica
Wahlenbergia hederacea (*)


Como empezamos la excursión temprano tenemos la posibilidad de detectar muchas aves, en esta época del año en la que a todos nos parece que los pájaros se han ido a otra parte. A pesar de que hace mal tiempo y cae alguna tormenta, a partir de las 10 o las 11 de la mañana su actividad baja claramente y las algarabías matutinas desaparecen, reanudándose algo, si acaso, a última hora de la tarde.
Aunque es temprano se detectan ya algunos síntomas de haber comenzado el paso migratorio postnupcial. Y los papamoscas cerrojillos son de los primeros en ponerse en evidencia en este sentido. Si bien es cierto que en esta zona de la sierra cría esta especie y los ejemplares que escuchamos podrían formar parte de la población local, su abundancia como reproductor es más bien escasa y por eso los numerosos reclamos-chasquido que escuchamos nos hacen pensar que ya debe haber ejemplares de otras latitudes moviéndose hacia África. Por su parte, algún grupo de vencejos y aviones comunes también parecen encontrarse en migración. La lista de aves que anotamos es la siguiente:
Milano real
Buitre leonado
Buitre negro
Perdiz roja
Chotacabras gris
Vencejo común
Abubilla (a 1800 m)
Pico picapinos
Lavandera cascadeña
Lavandera blanca
Chochín C
Acentor común C
Petirrojo
Ruiseñor común
Pechiazul
Mirlo común
Zorzal charlo
Zarcero común
Mosquitero papialbo
Reyezuelo listado
Papamoscas cerrojillo
Herrerillo capuchino
Carbonero garrapinos (el ave más común)
Agateador común
Arrendajo
Pinzón vulgar
Piquituerto común
Pardillo común
Escribano montesino
Donde C significa cantos

miércoles, 4 de agosto de 2010

Turbera de Roñanzas. La Borbolla. Llanes. Asturias (O). 18-7-2010 // 270 msnm.

Como corresponde a la estación en la que nos encontramos, en esta ocasión nos acercamos a la costa asturiana a disfrutar de su naturaleza. Sin embargo, no reparamos en su litoral actual sino en aquel que constituía la costa en un pasado remoto (posiblemente hacia finales de la Era Terciaria), hoy día poco más de 3 km tierra adentro.
Durante el proceso de erosión de la costa que produce el oleaje se modelan superficies casi horizontales conocidas como plataformas de abrasión. Estos niveles de arrasamiento se sitúan al pie de los acantilados y normalmente quedan de manifiesto con la bajamar.
La actividad tectonica generada a consecuencia de la orogenia Alpina elevó no solo los grandes macizos montañosos de la Península, Cordillera Cantábrica incluida, sino también estas superficies de erosión, elaboradas en diferentes periodos, que quedaron escalonadas a distintas alturas por la acción de antiguas fallas.
Las consecuencias paisajísticas de este fenómeno no pasan desapercibidas, de modo que cuando se recorre el litoral cantábrico por la costa son muy característicos estos relieves horizontales que reciben el nombre de rasas costeras y que han despertado el interés de muchos geólogos. A menudo, como es el caso que nos ocupa, las rasas han quedado parcialmente desmanteladas por la posterior erosión fluvial y se reconocen en los mapas topográficos fácilmente por su morfología plana, elevada y claramente definida, como si de un edificio exento se tratase; en otros casos, sobre todo cuando sus materiales son de naturaleza caliza los procesos de karstificación las vuelven más irregulares y a pesar de su extensión pueden pasar desapercibidas.


La diversidad litológica de estas tierras del norte de la Península permite atravesar en recorridos cortos diversas litologías que influyen de manera decisiva en el medio natural; y así, cuando las rasas quedan talladas sobre rocas cuarcíticas, como proporcionan un drenaje escaso, se presentan a menudo recubiertas por turberas que ocasionalmente han sido objeto de explotación comercial. Estas cuarcitas son rocas antiquísimas; pertenecen al Periodo Cámbrico-Ordovícico y tienen una antigüedad de unos 500 millones de años. Por su composición silícea acentúan la acidez de las aguas y eso contribuye al establecimiento de la turbera.


Las turberas son medios pantanosos en los que los restos vegetales se acumulan al verse dificultado su proceso de descomposición. La humedad permanente y la escasez de aire impiden la actuación de los microorganismos que favorecen la humificación de la materia orgánica. En consecuencia, en estos ambientes los suelos están formados por una materia negra, fibrosa y orgánica, la turba, una especie de carbón que aunque tradicionalmente ha sido utilizada como combustible, en la actualidad se usa principalmente como sustrato para cultivos. La turba de la zona al parecer no tiene mucha antigüedad, desde el punto de vista geológico; según parece se ha ido formando en los últimos 3200 años.


En el llano de Roñanzas se sitúa un enclave turboso de importancia que llega a alcanzar 2,5 m de espesor. De hecho, ha sido la única explotación industrial asturiana de turba, y se ha explotado hasta fecha reciente. Con el fin de facilitar la extracción de turba se abrieron zanjas en paralelo de decenas de metros de longitud que a la vez sirvieron como drenaje del agua de lluvia que alimenta la turbera. El hábitat sufrió así una profunda transformación. La vegetación de musgos esponjosos dio paso a un matorral de tojos (género Ulex) y helechos (Pteridium aquilinum), y algunas especies adaptadas al medio turboso se vieron desplazadas y estuvieron a punto de desaparecer.


Afortunadamente en 2004 varias entidades públicas y privadas se pusieron de acuerdo para iniciar un proyecto de recuperación de la turbera. Finalizaron las extracciones y se desbrozó el matorral de tojos y helechos para evitar incendios y recuperar los pastos de cara a fomentar un uso ganadero sostenible. Además se construyeron diques en las zanjas existentes para evitar la evacuación de agua ladera abajo y promover así el encharcamiento permanente donde viven los esfagnos, auténticos protagonistas del ecosistema. Apréciese que en la foto el esfagno (verde amarillento) aparece acompañado de Drosera rotundifolia, una planta insectívora de color rojizo.


Los esfagnos son musgos pertenecientes al género Sphagnum que presentan un conjunto de adaptaciones encaminadas a poder vivir en este medio continuamente encharcado, anaerobio y ácido.Constituyen un conjunto de especies cuya estructura vegetativa les permite retener gran cantidad de agua, y eso les otorga un aspecto típicamente esponjoso. Como la materia orgánica no se degrada los esfagnos a medida que crecen van acumulando sus partes muertas originándose así unos depósitos que pueden alcanzar varios metros de profundidad.
Damos un paseo por este lugar y contemplamos los diferentes ambientes que se han generado tras las obras de restauración. La construcción de diques ha dado lugar a interesantes charcas donde revolotean diferentes especies de libélulas. En sus orillas y en los emplazamientos de aguas más someras colonizan especies propias de plantas (Sphagnum, Rhynchospora). En los resaltes que separan zanjas florecen los tojos (Ulex gallii) (foto 1) y el precioso brezo Erica mackaiana (foto 2) que sustituye aquí a la E. tetralix característica de otras turberas.


Asimismo recorremos la parte de turbera no afectada por las extracciones que es bastante amplia. Aquí el ganado vacuno y caballar pace libremente, como se ve en la imagen, donde además se puede ver el aspecto del macizo calizo del Cuera. 


Las plantas que anotamos en la zona son las siguientes:
Arnica montana FL
Blechnum spicant
Calluna vulgaris 
Daboecia cantabrica FL (foto 3)
Drosera intermedia? FL (foto 4)
Drosera rotundifolia FL (foto 5)
Erica mackaiana FL (foto 2)
Eriophorum angustifolium (foto 6)
Juncus bulbosus FL (foto 7)
Narthecium ossifragum FL (foto 8)
Osmunda regalis (foto 9)
Pinguicula lusitanica FL (foto 10)
Potentilla erecta FL
Rhynchospora alba FL (foto 11)
Ulex gallii FL (foto 1)


Las turberas se consideran Hábitat Prioritario por la legislación europea y concretamente la de la sierra Plana de La Borbolla ha sido declarada como Lugar de Interés Comunitario dado que albergan especies raras como el helecho Dryopteris corleyi, la ciperácea Rhynchospora fusca o el sapito Discoglossus galganoi.

lunes, 12 de julio de 2010

Alrededores de Peñalara. Rascafría (M). 5-7-2010 // 1850 - 2000 msnm // Excursión de Ecologistas en Acción



La salida naturalista que hacemos este mes los de Ecologistas en Acción se desarrolla en uno de los ámbitos más bonitos e interesantes de la Comunidad de Madrid. A pesar del mal tiempo, durante la primera parte del día, un grupo de incondicionales nos animamos a dar un paseo desde el puerto de Cotos a la laguna de Peñalara. Uno de nosotros (Manuel Pozuelo) hace un reportaje fotográfico de la excursión que animamos a contemplar.


El recorrido atraviesa al principio un pinar de Pinus sylvestris cuyos ejemplares han estado polinizando recientemente. El subvuelo de esta formación forestal es bastante pobre debido a las duras condiciones climáticas imperantes a esta altitud que determinan un escaso desarrollo edáfico y un corto periodo vegetativo. Los arbustos que aquí se encuentran son:
Piorno (Cytisus oromediterraneus) FL
Acebo (Ilex aquifolium), muy escaso
Jabino (Juniperus communis subsp. alpina)
Enebro común (Juniperus communis subsp. hemisphaerica)
A lo largo del camino también se ven en flor ejemplares de retama negra (Cytisus scoparius) y retama blanca (Genista florida).
Entre las plantas herbáceas encontramos diversas especies, la mayoría de las cuales (*) hay que relacionarlas con las condiciones de nitrificación propias de los márgenes del camino:
Arenaria montana FL
Carduus carpetanus* FL
Deschampsia flexuosa FL
Galium rotundifolium FL
Hypochoeris radicata* FL
Lepidium heterophyllum* FL
Orobanche rapum-genistae FL, en su momento óptimo
Prunella vulgaris* FL
Pteridium aquilinum
Santolina rosmarinifolia* FL
Senecio pyrenaicus*
Scleranthus annuus*
Urtica dioica* FL
A medida que ascendemos, el pinar da paso a un piornal de Cytisus oromediterraneus que se acompaña de otras especies arbustivas, como los citados jabinos y enebros comunes, pero también de otras matas como:
Cambroño (Adenocarpus hispanicus) FL
Brezo blanco (Erica arborea) FL
Escaramujo (Rosa canina) FL
Aquí, las herbáceas características que viven en los huecos de esta espesa masa arbustiva en muchos casos son las mismas que se citaron anteriormente; sin embargo también hay otras nuevas como:
Chenopodium bonus-henricus FL
Hieracium pilosella FL
Hieracium vahlii FL
Jurinea humilis FL
Leucanthemopsis pallida FL
Linaria elegans FL 
Linaria nivea FL
Rumex acetosella FL
Sesamoides purpurascens FL
Los procesos periglaciares que afectan actualmente a estas montañas originan ciclos de hielo y deshielo que fracturan la roca, en este caso principalmente neises, generando pedreras (gleras o canchales) de gran desarrollo. A menudo bajo estas acumulaciones de bloques corren cursos de agua subterráneos que explican la aparición de algunas plantas indicadoras (género Rubus). Aunque la mayoría de las veces estas pedreras son móviles, con la consiguiente dificultad de fijación de suelo, en otros casos se advierte su estabilidad al estar parcial o totalmente cubiertas por la vegetación. En los primeros estadios de este fenómeno hay plantas pioneras que se especializan en colonizar este impredecible medio, como algunos helechos (por ejemplo, Cryptogramma crispa), Digitalis purpurea (FL), Linaria saxatilis (FL) y como Senecio pyrenaicus del que tenemos la oportunidad de ver sus incipientes flores.
Al llegar al circo glaciar que se abre delante del pico Peñalara, encontramos las formaciones vegetales más vistosas en esta época del año, los verdes pastizales de montaña, ahora llenos de flores, surcados por innumerables regatos de aguas cristalinas. En estos ambientes, cuando el agua circula con dificultad se crean turberas donde no es difícil encontrar una especie insectívora: el rosolí o atrapamoscas (Drossera rotundifolia) que, sin embargo, no vemos seguramente debido a que el año va bastante retrasado por los fríos reinantes. Las especies herbáceas que encontramos en este hábitat son:
Campanula herminii FL
Carex nigra FL
Myosotis stolonifera? FL
Nardus stricta FL
Parnassia palustris FL
Pedicularis sylvatica FL
Polygala vulgaris FL
Potentilla erecta FL
Veronica serpyllifolia subsp. langei FL
Viola palustris FL


Las condiciones meteorológicas de la primera parte de la jornada no resultan muy favorables para la observación de la avifauna y además somos un grupo bastante numeroso del que no se puede pedir precisamente sigilo. Pero aún así, a lo largo del recorrido vamos observando algunas especies habituales en este paraje. El registro de especies que anotamos es el siguiente:
Buitre leonado
Buitre negro
Águila culebrera
Águila calzada
Paloma torcaz
Lavandera cascadeña
Lavandera blanca
Acentor común
Petirrojo
Colirrojo tizón
Collalba gris
Roquero solitario
Mirlo común
Curruca capirotada
Reyezuelo sencillo
Herrerillo capuchino
Carbonero garrapinos, uno de los más abundantes
Agateador común
Corneja negra
Cuervo
Pinzón vulgar, el más abundante
Pardillo común
Piquituerto común
Escribano montesino




domingo, 4 de julio de 2010

Aldea del Fresno (M). 28-6-2010 // 500 msnm

En el proceso de determinación de plantas mediante claves dicotómicas hay un camino de dudas y zozobras que unas veces finaliza de forma más elegante que otras. Es frecuente que cuando la clave pregunta: sépalos de 6-10 mm o sépalos de 10-15 mm, el ejemplar que tenemos en nuestras manos tenga 10 mm. Difícilmente ocurre que nuestra muestra reúna todos los caracteres que indica su descripción, puesto que la variabilidad de éstos es alta según las distintas poblaciones que tiene la planta en su área de dispersión. Son frecuentes los táxones (especies o subespecies) que a lo largo de su área de distribución muestran variaciones en la forma, el tamaño o el color de sus órganos, dando pie en muchas ocasiones a que algunos botánicos les asignen nombre propio. El género Narcissus es un ejemplo claro en el que muchos botánicos se ponen las botas sacando especies nuevas en cada una de las serranías de la Península.
Las hibridaciones entre especies son muy frecuentes y a menudo ocurre que algunas que físicamente no tienen contacto quedan enlazadas por distintos motivos. Uno de los más comunes suele ser el transporte que involuntariamente realiza el ganado dispersando semillas o frutos que se adhieren a su pelaje o que trasladan en su tracto digestivo. De esta manera en ocasiones se encuentran plantas que poseen los caracteres de distintas especies no presentes en la zona y cada botánico que intenta determinarlas ve rasgos que otros no ven.
Algo así debe ocurrir con la población de Adenocarpus que vive en Aldea del Fresno, poco antes de llegar, según se va desde Madrid. Nos reunimos una tarde cinco botánicos pertrechados con claves botánicas y lupas para estudiar estas plantas. 


Hemos esperado a esta época del año para que los arbustos mostrasen flores y frutos, de modo que no hubiese ningún impedimento en su determinación. La clave de Flora Ibérica nos lleva directamente a A. gibbsianus, pero desconfiamos porque esta es una planta típica de los arenales de Doñana y no parece que llegue hasta aquí. Luego, tras una serie de disquisiciones nos damos cuenta que estos codesos presentan características de diferentes especies, pero en realidad no se parece a ninguna de ellas. De Adenocarpus aureus, planta muy común en los arenales segovianos, tiene en común los abundantes pelos crespos de sus hojas; de A. lainzii, típica de los ámbitos atlánticos del noroeste peninsular, tiene las abundantes glándulas estipitadas del cáliz y de A. complicatus que estamos tan acostumbrados a ver en la sierra madrileña, tiene la vellosidad del cáliz. Por eso tras darle muchas vueltas y a la espera de que algún experto diga otra cosa, decidimos incluirla en A. complicatus, (complicatus no es porque sea difícil de determinar sino porque las hojas tienden a estar medio cerradas) por ser esta una planta que presenta una gran variabilidad. Y le llamamos A. complicatus subsp. aureus, con caracteres de A. lainzii.


El entorno se encuentra en uno de esos arenales de ambiente térmico del suroeste de Madrid y no parece que tenga ningún nivel de protección. Es más, dado que buena parte de la población se encuentra en la cuneta de la carretera estamos expuestos a que cualquier coche se salga de la vía y cause un destozo. 


El interés de la zona no sólo se debe a la presencia de estos codesos sino de otras plantas muy raras en Madrid como por ejemplo Halimium calycinum que ahora ya no está en flor (florece en marzo y abril) y Pterocephalidium diandrum FL (foto 1).


Otras especies que anotamos en la zona son:
Allium ampeloprassum
Anchusa undulata FL
Andryala laxiflora? últimas flores
Bituminaria bituminosa FL
Centaurea melitensis FL
Cnicus benedictus
Delphinium gracile FL (foto 2)
Dittrichia graveolens FL
Echium vulgare FL
Helichrysum italicum FL (foto 3)
Lavandula stoechas FL
Linaria spartea FL
Melica ciliata
Misopates orontium
Pimpinella villosa
Pistacia terebinthus
Quercus ilex 
Retama sphaerocarpa
Ruta montana FL
Scrophularia canina FL
Senecio gallicus FL

viernes, 2 de julio de 2010

Afloramiento de mármoles del arroyo Artiñuelo (Rascafría). 25-6-2010 // 1800 msnm

La presencia de afloramientos calcáreos en la sierra de Guadarrama es bien conocida. Se trata de un rosario de enclaves calizos de origen marino y edad mesozoica que en la vertiente sur adquieren relevancia sobre todo en Guadalajara y en el noreste madrileño, haciéndose cada vez menos frecuentes hacia el suroeste, donde finalizan en el término de Valdemorillo. Dado que el roquedo habitual de la sierra es de naturaleza principalmente silícea, cuando aparecen estos afloramientos se diversifica la flora, al aparecer especies de apetencias calcícolas que de otra forma no podrían llegar hasta allí.
Cuando la roca caliza, por diferentes motivos, se metamorfiza (y no nos estamos refiriendo a las calizas mesozoicas del apartado anterior), el mineral de calcita que la compone recristaliza, dando lugar a una roca dura y compacta denominada mármol cuyo granulado recuerda el aspecto del azúcar. 


Ejemplos de este proceso los encontramos en la geografía madrileña, en contados puntos de la sierra como Robledo de Chavela, Santa María de la Alameda, Villa del Prado y Rascafría (arroyo Artiñuelo), donde aparecen pequeños yacimientos de calizas cristalinas y mármoles intercalados principalmente entre neises. Son el resultado de los procesos metamórficos que se produjeron a consecuencia de la orogenia Hercínica (final del Paleozoico) y que afectaron a sedimentos carbonatados cámbricos y precámbricos de origen marino (originados probablemente hace más de 500 millones de años). Éstos, tras su transformación dieron lugar a los citados mármoles.


Pues bien, si la presencia de enclaves calizos entre los granitos y neises de la sierra otorga personalidad a la flora local, como se dijo más arriba, la aparición de afloramientos calcáreos en altura redobla su interés, ya que a los condicionantes edáficos que este sustrato transmite al suelo se añade el factor altitudinal que asemeja las condiciones climáticas de este lugar con las de territorios más septentrionales.
Los objetivos principales que perseguimos al subir hasta la cabecera del arroyo Artiñuelo son dos. Por un lado, tomar fotografías de este afloramiento marmóreo y por otro fotografiar también una mata espinosa que al parecer se da sólo en esta parte del Sistema Central: el tragacanto (Astragalus sempervirens).


La floración del tragacanto se prolonga aquí solo durante unas pocas semanas, en los meses de junio y julio, y no es la primera vez que tratamos de obtener fotos de sus flores.
Estos astrágalos espinosos componen un grupo de especies que en ocasiones es complicado diferenciarlas; así, esta planta se ha denominado Astragalus sempervirens subsp. muticus, que según Flora Ibérica debería denominarse Astragalus nevadensis subsp. muticus, y en la ultima referencia que hemos obtenido se le llama A. sempervirens subsp sempervirens, si bien esta subespecie no la encontramos en la citada obra (!).
El caso es que a esta singular especie parecen gustarle estos mármoles en altura porque la encontramos claramente vinculada a ellos y desarrollándose vigorosamente a su favor. Esta apetencia por los mármoles no sólo la encontramos en el tragacanto sino también en una serie de plantas que no estamos acostumbrados a ver en la sierra, como por ejemplo:
Arenaria grandiflora FL (foto 1)
Coronilla minima subsp. minima FL (foto 2)
Galeopsis ladanum FL
Potentilla cinerea FL (foto 3)
Serratula nudicaulis FL (foto 4)


Además, muy cerca de estas plantas encontramos también otra especie poco frecuente por aquí, la grasilla (Pinguicula grandiflora) (foto 5), una planta carnívora que vive en las turberas y arroyos de la zona.


La vegetación que vive en estas laderas está dominada por el bello y pegajoso cambroño (Adenocarpus hispanicus) (foto 6) que ahora tiene bastantes flores. Además hay bastante enebro común (Juniperus communis subsp. hemisphaerica) que se reconoce fácilmente del rastrero (J.c. subsp. alpina), también presente, por su porte arbustivo. Otras especies leñosas de este lugar son:
Brezo blanco (Erica arborea) FL
Pino albar (Pinus sylvestris)
Rosal silvestre (Rosa canina forma squarrosa) FL
Zarza (género Rubus)
Tejo (Taxus baccata)


Entre las herbáceas comunes por los alrededores citamos unas cuantas que se suelen ver más o menos habitualmente por la sierra:
Acinos alpinus FL
Arnoseris minima FL
Asplenium ceterach
Asplenium ruta-muraria
Asplenium trichomanes
Cynoglossum officinale FL
Cystopteris fragilis
Nardus stricta FL
Petrorhagia nanteuilii FL
Scleranthus annuus FL
Desde que salimos de Rascafría, como no es muy tarde, ascendemos anotando las aves que hay por el camino porque se detecta bastante actividad. Al principio, aproximadamente entre los 1200-1500 m de altitud atravesamos un denso melojar  de Quercus pyrenaica con abundante sotobosque (a las aves que detectamos en esta franja las marcamos con una A). Y por encima de los 1500 m dominan los pinares de Pinus sylvestris, los roquedos y diversos tipos de matorral de montaña (a estos les significamos con una B). En total, el registro que obtenemos es el siguiente:
Halcón abejero A (perdón por no usar los nombres comunes actuales)
Buitre leonado A
Ratonero B
Águila calzada A
Perdiz común B (a 1800 m)
Cuco AB
Abubilla A
Pito real A
Pico picapinos AB
Totovía B
Bisbita arbóreo A (cantando, común)
Chochín AB
Acentor común B
Petirrojo AB
Colirrojo tizón A
Tarabilla común AB
Mirlo común AB
Zorzal común A
Zorzal charlo AB
Curruca mirlona AB
Curruca capirotada AB
Curruca mosquitera AB (Muy común)
Reyezuelo sencillo B
Mito A
Herrerillo capuchino B
Carbonero garrapinos B
Herrerillo común A
Carbonero común A
Trepador azul A
Agateador común AB
Arrendajo AB
Urraca A
Corneja negra B
Estornino negro A
Pinzón vulgar AB (el ave más frecuente)
Verdecillo AB (a 1800 m)
Pardillo común B
Piquituerto común B
Escribano soteño A
Escribano montesino AB
A medida que ascendemos y después también por la tarde se ven numerosos ciervos volantes (Lucanus cervus) (foto 7, se trata de un ejemplar encontrado muerto) revoloteando entre las copas de los melojos. También observamos una hermosa mariposa nocturna: la esfinge del roble (Marumba quercus) (foto 8) que vive entre las especies del género Quercus.




Finalmente señalar la presencia de un pequeño topillo (foto 9) en la zona de los mármoles, a unos 1700 m de altitud. Parece un Microtus de especie desconocida, quizá un M. lusitanicus a razón de su pequeño tamaño. Como se nos queda muy cerca, tenemos ocasión de fotografiarle a placer y tomarle algunas medidas aproximadas. Longitud cabeza-cuerpo: 60-70 mm. Longitud de la cola: 15-20 mm.