lunes, 27 de febrero de 2017

San Agustín de Guadalix (M). 25-2-2017 // 700 m


En este periodo del año, multitud de aves que han pasado el invierno en la cuenca mediterránea regresan a sus lugares de cría, fundamentalmente centroeuropeos, y en este sentido se perciben movimientos de mayor o menor intensidad según las especies. Esta circunstancia determina
que las prospecciones ornitológicas durante los próximos meses sean muy entretenidas e interesantes por la extraordinaria cantidad de individuos que atraviesan el territorio: primeramente los invernantes mediterráneos y a partir de abril y durante todo el mes de mayo los migrantes transaharianos. En este sentido, es recomendable no tener lejos los prismáticos durante los próximos meses porque en cualquier momento y en cualquier entorno se pueden presentar inesperadas observaciones.
Hacemos un recorrido de varias horas por las inmediaciones de una cañada que discurre al oeste del casco urbano, atravesando un hábitat muy fragmentado y con caserío disperso. Caminamos entre encinares y enebrales aclarados, densos matorrales, roquedos, baldíos, discretos sotos y campos de cultivo abandonados con diferentes frutales entre los que destacan los almendros (Prunus dulcis) ya cubiertos de flores y bastante concurridos de abejas (Apis mellifera) y alguna Xylocopa violacea.
Pero mientras muchas aves se encuentran en pleno viaje migratorio hay otras (algunas tan solo determinadas poblaciones) que comienzan ahora con su periodo de reproducción. Algunas especies han empezado a cantar recientemente: pinzones, currucas capirotadas, currucas rabilargas, herrerillos, reyezuelos listados... y otras como el mito están empezando a recoger materiales con los que hacer sus nidos o los han ocupado ya y se pueden observar sus cópulas, como en el caso de las cigüeñas.
Las observaciones de la jornada arrojan 47 especies de aves, pero lo que más llama la atención es el impresionante paso de más de 21000 grullas que se describe al final de esta entrada. A modo de referencia se dan unos datos aproximados del numero de ejemplares observados para cada especie; asimismo se indica si se han escuchado cantos (c) o si se han observado solo grupos en vuelo y por tandas (v) lo que permite intuir que se encontraban en viaje migratorio:

Perdiz roja (Alectoris rufa) 1
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia) 1
Buitre leonado (Gyps fulvus) 20
Buitre negro (Aegypius monachus) 6
Águila imperial (Aquila adalberti)
Milano real (Milvus milvus) 3
Ratonero común (Buteo buteo) 4
Azor (Accipiter gentilis)
Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) 1
Grulla común (Grus grus) 21700 v
Gaviota sombría (Larus fuscus) 5 v
Paloma torcaz (Columba palumbus) 60
Tórtola turca (Streptopelia decaocto) 1
Abubilla (Upupa epops) 1
Pito real (Picus viridis) 2
Pico picapinos (Dendrocopos major) 2
Pico menor (Dendrocopos minor) 1
Alondra común (Alauda arvensis) 3 v
Totovía (Lullula arborea) 10
Golondrina común (Hirundo rustica) 4 v
Avión común (Delichon urbicum) 6 v
Petirrojo (Erithacus rubecula) 5 c
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochuros) 2 c
Mirlo común (Turdus merula) 3
Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) 5 c
Curruca rabilarga (Sylvia undata) 2 c
Mosquitero común (Phylloscopus collybita) 4
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) 3 c
Chochín (Troglodytes troglodytes) 1
Carbonero común (Parus major) 3 c
Carbonero garrapinos (Periparus ater) 1 c
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus) 7 c
Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus) 3
Mito (Aegithalos caudatus) 2
Agateador común (Certhia brachydactyla) 3
Rabilargo (Cyanopica cooki) 30
Urraca (Pica pica) 5
Corneja negra (Corvus corone) 1
Cuervo (Corvus corax) 2
Estornino negro (Sturnus unicolor) 15
Gorrión común (Passer domesticus) 50
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs) 10 c
Jilguero (Carduelis carduelis) 5
Verderón común (Chloris chloris) 1
Verdecillo (Serinus serinus) 5 c
Picogordo (Coccothraustes coccothraustes) 1
Escribano soteño (Emberiza cirlus) 1 c

A partir de las 12,30 hora solar (13,30 h. oficial) se empiezan a escuchar los primeros bandos de grullas constituidos por grupos de alrededor de 150 individuos. Y como se detecta un flujo de aves muy superior al normal decidimos iniciar un conteo, si se quiere grosero, anotando grupos de cien en cien que acaban sumando 21700 grullas. El conteo se prolonga hasta las 15,00 h.s (16,00 h.o.) cuando lo tenemos que dejar para atender a otras obligaciones, en una fase en la que remiten decididamente la frecuencia de los grupos y el número de individuos. Las grullas se dirigen invariablemente hacia el este-noreste, aunque de vez en cuando inexplicablemente algún ejemplar "despistado" vuela en dirección contraria. 
El flujo, siempre muy escandaloso, en su periodo álgido, se presenta mediante grupos seguidos que alcanzan los 500-1000 ejemplares abarcando un frente bastante amplio. Muy frecuentemente se observan indecisiones en las que los bandos pierden su forma de uve característica para enzarzarse en espirales que duran varios minutos. También se aprecia un claro desplazamiento del flujo hacia el sur durante las dos horas y media que dura la observación; comienza rozando la vertiente sur del cerro de San Pedro y acaba pasando por la vertical del Soto de Viñuelas, al norte de la capital.

sábado, 4 de febrero de 2017

Presentación del libro "Flora de Madrid" en el Jardín Botánico de Madrid


Hola amigos:
Os comunico que el jueves, día 9 de febrero, a las 18,00 haré la presentación del libro "Flora de Madrid" que he editado recientemente. El acto tendrá lugar en el salón de actos del Jardín Botánico de Madrid, al que se accede desde la Cuesta de Moyano.
Como es habitual en este tipo de eventos, se hará un repaso por los aspectos más relevantes que han tenido que ver con el proceso de elaboración del libro y se darán consejos sobre su manejo. Asimismo se responderá a las preguntas que el público tenga a  bien formular.
Estaré encantado de contar con vuestra presencia. No se necesita invitación.
Indicar también que habrá ejemplares del libro por si hubiera interés en adquirirlo.



Tenéis una reseña del libro en el siguiente enlace:

miércoles, 11 de enero de 2017

Excursión naturalista. Guadalix de la Sierra, embalse de Pedrezuela (M). 21-1-2017 // 850 m




Nos reunimos un grupo de más de 30 personas con el fin de recorrer el afloramiento calizo que asoma entre la masa de agua principal del embalse y la ramificación que genera la desembocadura del arroyo Albalá en el mismo. La excursión dura unas ocho horas y, en contra de lo que todos preveíamos, tenemos un tiempo bastante bueno.



En el entorno de la sierra de Guadarrama, donde los materiales rocosos son de naturaleza predominantemente silícea, los escasos enclaves calizos representan singularidades que amplían la biodiversidad y a la vez ofrecen información sobre la historia geológica del territorio.
La zona caliza que visitamos se formó en el período Cretácico superior, durante el cual una importante transgresión marina dejó bajo las aguas una buena parte de lo que actualmente constituye el territorio madrileño; anteriormente se habían producido ya entradas y retiradas de las aguas, pero ninguna tuvo incidencia aquí. A consecuencia de la precipitación del carbonato cálcico de las aguas en ese periodo se acumularon los espesores de calizas y dolomías que hoy se ven, en un ambiente tropical y de plataforma continental poco profunda cuya mayor expresión se encuentra cuanto más hacia el este (zona de Patones y sobre todo en el Sistema Ibérico). Tras los levantamientos y hundimientos generados a consecuencia de los empujes transmitidos durante la Orogenia Alpina dichos sedimentos se plegaron y posteriormente fueron erosionados, de tal forma que estos afloramientos calizos aparecen en la sierra madrileña de forma discontinua, al pie de ciertas elevaciones montañosas y en algunas fosas tectónicas (zonas hundidas), como testigos de la cobertera sedimentaria que cubrió buena parte del Guadarrama antes de los referidos esfuerzos tectónicos.




La peculiaridad de este sustrato rocoso se pone enseguida de manifiesto con la presencia de un interesante bosquete de quejigos (Quercus faginea), en una ladera orientada hacia el norte. Su estrato arbustivo está formado por aligustre (Ligustrum vulgare), madreselva (Lonicera etrusca), torvisco (Daphne gnidium), enebro de la miera (Juniperus oxycedrus), esparraguera (Asparagus acutifolius), rubia silvestre (Rubia peregrina)… En los huecos de esta formación forestal encontramos tomillares de Thymus zygis con lino blanco (Linum suffruticosum), candilera (Phlomis lychnitis) y heliántemo ceniciento (Helianthemun cinereum); también fenalares de Brachypodium retusum y además pastizales con cuchara de pastor (Rhaponticum coniferum), lobillo (Thesium humifusum), hierba del ermitaño (Geum sylvaticum), Margotia gummifera, Carex hallerana, dáctilo (Dactylis glomerata)…
En los arcenes del camino principal y en aquellas zonas donde tiene acceso el ganado encontramos plantas de afinidad nitrófila, como geranio muelle (Geranium molle), hierba de san Roberto (Geranium robertianum), ardivieja (Helianthemum ledifolium), Bituminaria bituminosa, trébol de hoja estrecha (Trifolium angustifolium) gordolobo (Verbascum pulverulentum), escobilla parda (Artemisia campestris), cardo cuco (Picnomon acarna), cardo borriquero (Onopordum illyricum), cabeza de medusa (Taeniatherum caput-medusae), viborera (Echium asperrimum), marrubio (Marrubium vulgare)... 




Es curioso observar en esta antigua carretera, actualmente abandonada, cómo la vegetación, de forma espontánea, va recuperando el espacio perdido absorbiendo el asfalto; cómo un espacio aparentemente estéril es reconducido de nuevo al ámbito de los ciclos naturales.
Entre el roquedo calizo se reconocen: uña de gato (Sedum sediforme), té de roca (Chiliadenus glutinosus), espino negro (Rhamnus lycioides), un par de especies de Fumana... Como se ve, los inventarios que hacemos son un tanto superficiales, y es que la época del año no es muy propicia.




A medida que avanza el recorrido y debido a la orografía del terreno (los estratos calizos no están horizontales sino basculados) vamos observando que atravesamos niveles del conjunto pétreo cada vez más profundos, es decir más antiguos, hasta llegar al nivel basal de la serie que está formado por materiales arenosos. Estos corresponden a depósitos no marinos sedimentados en medios fluviales o mareales, y por tanto depositados “justo” en el periodo previo a la transgresión marina comentada anteriormente que inundó todo este territorio; es como si tocásemos las arenas litorales de un antiguo mar. Entonces, ¿qué queda todavía ladera abajo? Efectivamente, descendemos unos metros y enseguida topamos con los afloramientos de esquistos de origen preordovícico; éstos, junto con otros materiales, conformarían el antiguo relieve del Macizo Hespérico, ya muy erosionado, cuya superficie fue cubierta por las aguas.
Son estos esquistos rocas de gran belleza por su brillante bandeado, a menudo provisto de micropliegues, que se acrecienta aún más con los frecuentes diques  de cuarzo y otros pegmatíticos que atraviesan el roquedo metamórfico. En estos últimos se distinguen claramente buenos cristales de cuarzo, feldespato, moscovita y turmalina.




Todos estos minerales junto a los que componen los esquistos están constituidos por diferentes silicatos que otorgan al suelo una reacción ácida, en sentido amplio, de modo que el interés de esta zona de contacto reside en que actualmente y a muy pocos metros de distancia se encuentran por un lado la flora calcícola o al menos de carácter basófilo y por otro la silicícola, muy bien representada aquí por especies como la jara pringosa (Cistus ladanifer), el cantueso (Lavandula pedunculata) o la mejorana (Thymus mastichina).
La ladera orientada hacia el sur y sustrato silíceo por la que acabamos caminando está ocupada por un encinar (Quercus rotundifolia) con enebros (Juniperus oxycedrus), cuyo subvuelo cuenta con retama negra (Cytisus scoparius), retama (Retama sphaerocarpa), majuelo (Crataegus monogyna), jazmín silvestre (Jasminum fruticans)... Se trata de una masa forestal de buena extensión en la que a menudo destacan manchas de los marcescentes quejigos entre la vegetación esclerófila; encinares de no fácil acceso que conectan con la dehesa de Moncalvillo.




Uno de los atractivos de la excursión consiste en el valor paisajístico de la zona, pues en uno u otro momento se divisan el cerro de San Pedro, la Pedriza del Manzanares, la sierra de La Morcuera, el entorno de Mondalindo, la sierra de la Cabrera y diferentes alturas de la sierra del Rincón. Dicho valor se realza todavía con las vistas del embalse de Pedrezuela.
Un embalse siempre genera en sus orillas condiciones ambientales diferentes a las de los ambientes esclerófilos dominantes. La proximidad del nivel freático a la superficie del terreno condiciona el asentamiento de una vegetación no vinculada al agua procedente de las precipitaciones como es la de los interfluvios contiguos. Aunque la vegetación potencial de estos espacios de fondo de valle es la fresneda de rampa, la elevada alteración que domina el medio solo permite la presencia de masas de junco de churrero (Scirpoides holoschoenus) y pastizales de diferentes características según el grado de humedad edáfica (vallicares, trebolares, otros de carácter anfibio…). A menudo son también frecuentes ejemplares dispersos de fresno (Fraxinus angustifolius), chopo negro (Populus nigra), higuera (Ficus carica), sargas, rosales silvestres, zarzas. En una orilla de suelo rocoso encontramos: grama (Cynodon dactylon), borrosa (Laphangium luteoalbum), matapulgas (Pulicaria arabica) y verbena menor (Verbena supina).
Así como las plantas se acomodan a los diferentes factores ambientales del medio, las aves también aprovechan la variedad de hábitats mostrando una significativa diversidad. En las excursiones, los grupos numerosos dificultan la observación de aves, pero aun así a lo largo del recorrido atravesamos bosques, matorrales, pastizales y zonas húmedas que permiten el contacto con un buen número de especies. Las que anotamos son:
Ánade azulón (Anas platyrhynchos)
Ánade friso (Anas strepera)
Pato cuchara (Anas clypeata)
Cerceta común (Anas crecca)
Porrón común (Aythya ferina)
Porrón moñudo (Aythya fuligula)
Somormujo lavanco (Podiceps cristatus)
Cormorán grande (Phalacrocorax carbo)
Garceta grande (Casmerodius albus)
Garza real (Ardea cinerea)
Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)
Buitre leonado (Gyps fulvus)
Buitre negro (Aegypius monachus)
Milano real (Milvus milvus)
Focha común (Fulica atra)
Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus)
Gaviota sombría (Larus fuscus)
Paloma torcaz (Columba palumbus)
Martín pescador (Alcedo atthis)
Bisbita común (Anthus pratensis)
Lavandera blanca (Motacilla alba)
Acentor común (Prunella modularis)
Petirrojo (Erithacus rubecula)
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochuros)
Zorzal charlo (Turdus viscivorus)
Mirlo común (Turdus merula)
Curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala)
Mosquitero común (Phylloscopus collybita)
Reyezuelo listado (Regulus ignicapilla)
Chochín (Troglodytes troglodytes)
Carbonero común (Parus major)
Herrerillo común (Cyanistes caeruleus)
Herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus)
Mito (Aegithalos caudatus)
Urraca (Pica pica)
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)
Verdecillo (Serinus serinus)
Escribano montesino (Emberiza cia)



lunes, 19 de diciembre de 2016

FLORA DE MADRID


Se acaba de editar el libro "Flora de Madrid" Javier Grijalbo 2016, una publicación que trata acerca de las plantas silvestres de la Comunidad de Madrid, tanto herbáceas como arbustivas o arbóreas. 



En pocas palabras se podría decir que es una versión aumentada y corregida de su antecedente "Vegetación y Flora de Madrid" 2010, en lo referente a su apartado de flora, si bien contiene un montón de información novedosa: actualización de nombres científicos, clasificación de acuerdo con criterios filogenéticos actualmente en vigor, doble número de especies descritas, doble número de fotografías, mapas de distribución actualizados, láminas de familias botánicas...
La obra tiene 384 páginas y su formato es de 17 x 24 cm. En su primera parte lleva un apartado con indicaciones para el uso adecuado del libro y una introducción donde se comentan aspectos del medio físico madrileño que influyen en la distribución de las plantas y en la realización de sus ciclos vitales. En estas primeras páginas también se hace referencia a aspectos relacionados con la sistemática de plantas y su clasificación.






El grueso del libro, 300 páginas, están dedicadas al catálogo fotográfico. De las 2580 especies de plantas que viven en la Comunidad de Madrid se muestran fotografías de 1419; es decir, de un 55% del total. Cada especie cuenta con una o varias fotografías (2451 fotos) para facilitar su reconocimiento. Claves de plantas y comparaciones mediante ilustraciones entre especies o grupos de plantas complicados aparecen distribuidas por el libro junto a las fotos correspondientes.




Además de sus nombres científico y común (si existe), cada especie va acompañada de un mapa de distribución en la Comunidad de Madrid, información acerca de su porte, tamaño, periodo de floración, indicación de si es un endemismo de la península Ibérica o si ha sido introducida de forma artificial y, finalmente, de una referencia de sus eventuales preferencias ecológicas mediante abreviaturas.
En cada fotografía se especifica el lugar y la fecha en que ha sido tomada y también una breve descripción de lo que muestra (flores, frutos, hojas...).






Acompañando al catálogo fotográfico se incluyen 69 láminas a plumilla (blanco y negro) que indican los caracteres botánicos más significativos de las familias más comunes o con más dificultad de identificación, siempre dentro del ámbito de esta flora.




Cualquier flora local quedaría incompleta sin un listado pormenorizado de las plantas que la comprenden. Aquí se aporta este inventario ordenado alfabéticamente por familias en el enlace: javiergrijalbo.blogspot.com.es/p/flor.html Se ha extraído del libro para facilitar su actualización y al mismo tiempo, al reducir el paginado del libro, disminuir su peso y evitar su encarecimiento.
Las páginas finales del libro contienen, por un lado, un apartado de sinónimos donde se puede encontrar la equivalencia de algunos nombres científicos de plantas que han sufrido cambios en los últimos años, y por otra parte un listado con las referencias bibliográficas que se han consultado durante la elaboración del libro. La publicación lleva un índice con todos los nombres comunes y científicos citados.




Textos, fotos, ilustraciones y mapas son obra del autor; asimismo, el diseño del libro con su cubierta y la composición del mismo.
Aclarar, por último, que este libro no contiene información acerca de la vegetación madrileña, como ocurría en "Vegetación y Flora de Madrid". Ésta se ofrecerá en un volumen aparte que todavía se encuentra en fase de elaboración.

Resumen:
- 384 páginas
- 1419 especies descritas
- 2451 fotos
- 69 láminas a plumilla
- 15 láminas e ilustraciones a color
- 1416 mapas de distribución en la Comunidad de Madrid
- 4 claves botánicas de identificación (pinos, sauces, rosales y zarzamoras)
- Precio: 35 euros

Las solicitudes de libros se deben hacer a la siguiente dirección: javiergrijalbo@gmail.com


martes, 13 de diciembre de 2016

El Álamo (M). 6-12-2016 // 608 m


La campiña madrileña en la zona de El Álamo ofrece un relieve de suaves ondulaciones donde se asientan cultivos principalmente de cereal sobre un sustrato de arcosas; es decir, de los materiales resultantes de la alteración del roquedo serrano, sobre todo granitos y neises. Éstos han sido transportados hasta aquí, dando lugar a un potente manto de sedimentos constituido en su mayor parte por arenas y arcillas.



En las inmediaciones del pueblo, justo en su parte más septentrional, (30TVK1554) se extiende una porción de terreno de textura particularmente arenosa que permite la presencia de rascavieja (Adenocarpus aureus), una leguminosa arbustiva de buen porte cuya distribución mundial se restringe al centro de la península Ibérica incluyendo algunas apariciones puntuales en Madrid. Se trata de una pequeña población de la que no teníamos noticia; un conjunto disperso de unos 15 ejemplares que ocupan alrededor de una hectárea en un viñedo abandonado contiguo al caserío. El espacio está ocupado por un pasto, ahora verde, de gran cobertura a pesar de la pobreza del sustrato, y en el mismo además se van incorporando algunas retamas (Retama sphaerocarpa), si bien de forma menos agresiva que en lugares próximos. La retama ocupa invariablemente todos los eriales de interfluvio de la zona, unas veces con cantueso (Lavandula pedunculata) y otras en solitario.




Los Adenocarpus aureus a los que hacemos mención presentan ejemplares de hasta metro y medio de altura y en un caso amplitud suficiente como para esconder una hura de conejo. Se da la circunstancia que a pesar de la época del año en que se hace la observación hay un par de ejemplares con flores y frutos de modo que es posible profundizar en su identificación: frutos con glándulas estipitadas, abundantes pelos retorcidos en las hojas y cálices cubiertos de pelos blancos y alargados.



Adenocarpus aureus penetra en Madrid tímidamente desde el suroeste aprovechando entre otros arenales los que se extienden a lo largo del Alberche desde Talavera de la Reina que es donde Cavanilles la citó por primera vez, allá por 1801. Los escasos registros madrileños se asientan en Aldea del Fresno y Villa del Prado, de modo que esta población que se trae aquí a colación representa la más oriental de todas ellas.



Una muy buena población de rascaviejas se encuentra en Méntrida (TO) junto a Madrid, al lado de la carretera, y mucho más extendida, aunque ya más lejos, en la Tierra de Pinares, sobre todo en Segovia.
El paisaje fundamentalmente agrícola de la zona es prioritariamente cerealista, aunque también incluye olivares y viñedos dispersos entre sus elementos. Además de los habituales eriales con retama ofrece frecuentes higueras (Ficus carica), algún que otro pino piñonero (Pinus pinea) de naturalidad dudosa, asimismo encinas (Quercus rotundifolia) bastante dispersas y en los barbechos alguna garamasta (Tanacetum microphyllum) que todavía florece.
La débil red de drenaje cuenta con cauces secos la mayor parte del año, pero se dota de una vegetación de ribera característica, muy alterada y sin continuidad, donde se pueden encontrar: caña (Arundo donax), olmo (Ulmus minor), bardaguera blanca (Salix salviifolia), zarzamora (Rubus ulmifolius), chopo negro (Populus nigra), junco de churrero (Scirpoides holoschoenus), majuelo (Crataegus monogyna) y rosal silvestre (Rosa corymbifera).
En este medio tan fragmentado se detecta una buena cantidad de aves. Anotamos:

Buitre negro
Buitre leonado
Milano real
Ratonero
Cernícalo vulgar
Perdiz
Paloma bravía
Paloma torcaz
Pito real
Cogujada común
Alondra común
Lavandera blanca
Bisbita común
Petirrojo
Colirrojo tizón
Curruca cabecinegra
Urraca
Alcaudón real
Estornino negro
Pardillo
Verdecillo

Verderón

jueves, 11 de julio de 2013

Pico Casillas y alrededores. Casillas (AV) - Rozas de Puerto Real (M). 7-7-2013 (+ 22-6-2013) // 1460-1768 m.



El Sistema Central, a su paso por la Comunidad de Madrid, se divide en varios sectores, de los cuales la sierra de Guadarrama, es el que presenta una relevancia mayor por su extensión y por sus altitudes. Hacia el este, en Somosierra, contacta con el sistema Somosierra-Ayllón y hacia el oeste de El Escorial va perdiendo altura, en Madrid por las alineaciones montañosas de Robledo de Chavela y en Ávila por una serie de sierras y parameras que normalmente apenas rebasan los 1400-1500 m de altitud. Este descenso altitudinal tiene consecuencias biogeográficas, pues supone un límite para la distribución de especies de flora y fauna de alta montaña que con condiciones bioclimáticas diferentes a las que se encuentran adaptadas ven interrumpidas así sus posibilidad de expansión territorial. 
En el Guadarrama, las últimas cotas hacia el suroeste por encima de los 1700 m de altitud se encuentran en la zona del pico Abantos (San Lorenzo del Escorial) o Cabeza Renales (El Espinar - Segovia), y no es hasta las estribaciones de la sierra de Gredos, cincuenta kilómetros más allá, cuando  vuelven a aparecer altitudes semejantes, con la consiguiente repercusión en la distribución de las especies altimontanas. Mientras algunas muestran poblaciones en ambos extremos, otras, por motivos relacionados con su historial biológico, solo se encuentran en alguno de ellos. Y este es el caso de algunas plantas que componen el piornal gredense con erizones que vamos a visitar en los confines de la Comunidad de Madrid (fotos 1 y 2).


La sierra de Gredos, el tramo más importante del Sistema Central, comienza por el este en el pico Guisando (1312 m) (El Tiemblo- Ávila), muy cerca del extremo sur-occidental de la Comunidad de Madrid, si bien a este tramo final también se le conoce como sierra del Valle (foto 3, obsérvese la alineación montañosa ascendente desde el pico Guisando, separando Ávila de Madrid). Aquí, Gredos tiene una representación testimonial en la falda del pico Casillas que supera ya los 1700 m, aunque hay que precisar que el territorio madrileño propiamente dicho se queda a media ladera y apenas alcanza esa cota.


La particularidad de este enclave radica en la existencia con carácter finícola de una comunidad vegetal presidida por el erizón (Echinospartum barnadesii) (foto 4) que es típica de las zonas rocosas de alta montaña (por encima de los 1800 m) del centro y este de la sierra de Gredos. El cambrión, como también se conoce a este arbusto que llega a alcanzar dos metros de altura, es una  leguminosa espinosa descrita en 1854 por Graells, de aspecto impresionante, tanto más durante su floración.


La comunidad vegetal alberga a otra planta, asimismo excepcional en Madrid, la manzanilla de Gredos (Santolina oblongifolia) (foto 5) que se distingue de la bolina (Santolina rosmarinifolia), la santolina habitual de los medios ácidos de la sierra, por su aspecto ceniciento.


Se hacen preponderantes ambas especies aquí a una altitud inferior a los 1680 m, como se ve bastante por debajo de lo habitual. Por encima de esta cota el piornal de Cytisus oromediterraneus se apodera del espacio ya hasta la cima con un salpicado de erizones y cambroños (Adenocarpus hispanicus). A lo largo de la ladera, no se aprecian enebros rastreros (Juniperus alpina) ni J. hemisphaerica.
Teníamos interés de fotografiar esta formación arbustiva en flor y para ello (aunque a simple vista se puede reconocer desde la carretera M-501) hemos ascendido hasta aquí en dos ocasiones en el transcurso de unos pocos días. Ello nos ha permitido tomar algunos datos fenológicos sobre la floración de algunas de las plantas que viven en estas zonas altas (1600-1770 m), aunque hay que señalar que este año las floraciones han sufrido retraso por las condiciones meteorológicas de la primavera (A, en flor el 22 de junio; B, en flor el 7 de julio; los paréntesis indican escasa frecuencia):
Adenocarpus hispanicus A
Agrostis truncatula B
Arenaria querioides A y (B) (foto 6)
Arnoseris minima A
Avenella flexuosa subsp. iberica A y B = (Deschampsia flexuosa subsp. iberica)
Carduus carpetanus A y B
Corynephorus canescens (A) y B (foto 7)
Cytisus oromediterraneus A
Echinospartum barnadesii (A) y B (foto 4)
Erica arborea A
Festuca summilusitana? A y B (foto 8)
Fritillaria lusitanica, fruto en A
Hispidella hispanica A (foto 9)
Leucanthemopsis pallida A y (B)
Linaria elegans A y B (foto 10)
Logfia minima A
Luzula lactea A y B
Micropyrum tenellum A y B (foto 11)
Orobanche rapum-genistae (A)
Pilosella argyrocoma A (foto 12)
Poa bulbosa, seca en A
Rumex acetosella subsp. angiocarpus A
Santolina oblongifolia (A) y B (foto 5)
Scleranthus annus A
Sedum brevifolium B
Spergula morisonii (A)







Respecto al tema de la fenología, destacar que al menos desde mediados de junio se seca el pastizal de Poa bulbosa y que cuando el piorno acaba su floración, comienza la del erizón.
El camino de subida al puerto de Casillas está dominado por un pinar de Pinus pinaster cuyos piñones se ve que han germinado recientemente; en la segunda quincena de junio encontramos pinitos de unos 5 cm. Por otra parte, en el entorno del puerto donde hay repoblaciones de Pinus sylvestris, encontramos a los pinos albares recién germinados en la visita de julio. Algunas especies de interés que viven en estas laderas, entre el pueblo de Casillas y el collado que lleva su nombre son:
Cytisus multiflorus A
Erysimum lagascae A (foto 13)
Galactites tomentosa A
Genista falcata A
Verbascum thapsus B


Entre el puerto de Casillas (1467 m) y el pico Casillas (1768 m) anotamos las aves que se encuentran a lo largo del recorrido. La primera parte de éste es un pinar-piornal que se va transformando con la altitud en un piornal con roquedo y pastizal. Estos son los resultados:
Buitre leonado* A y B
Buitre negro* A y B
Águila calzada* A
Perdiz roja B, con signos inequívocos de cría
Paloma torcaz A y B
Vencejo común* A y B
Pico picapinos B
Totovía* A y B
Avión común B
Bisbita campestre B
Acentor común* A y B
Petirrojo A y B
Colirrojo tizón B
Tarabilla común B
Zorzal charlo B
Curruca tomillera A y B
Mosquitero papialbo? B
Reyezuelo listado B
Papamoscas cerrojillo A y B
Herrerillo capuchino B
Carbonero garrapinos A y B
Carbonero común B
Agateador común A y B
Cuervo* A
Verdecillo B
Pardillo común* A y B
Piquituerto A y B
Escribano montesino* A y B
Escribano hortelano* A y B
Las especies que se encuentran por encima de los 1700 m las hemos destacado con *
Las laderas de la montaña son ricas en diversas especies de insectos, algunos de los cuales (sobre todo mariposas y mariquitas) se hacen particularmente frecuentes en crestas y cumbres; de hecho, en junio, a partir de mediodía, hay un flujo continuo de mariquitas que se dejan llevar por la brisa hasta la cumbre. Pensamos si estos puntos de encuentro tan habituales en zonas de cumbre no constituirán sino lugares de reproducción donde el espacio se achica y aumentan por tanto las posibilidades de encuentro de individuos maduros. Algo así como el sentido ancestral de las fiestas de los pueblos...


A medida que se asciende desde el puerto de Casillas hacia el Alto del Mirlo el camino de despeja de arbolado y se tienen unas vistas cada vez más hermosas del paisaje circundante. Hacia el oeste, la alineación montañosa de la sierra del Valle, con el pico Escusa (1959 m) (foto 14), que no son sino las estribaciones de la sierra de Gredos (obsérvese la masa enorme de erizones que colorea de amarillo la vertiente). Y hacia el norte, la impresionante falla del Herradón, visible a lo largo de más de 30 kilómetros de longitud (foto 15 y fotografía aérea) por el control que ejerce en la trayectoria lineal de los ríos Gaznata y Balsaina (o de las Hiruelas) que tributan al Alberche en el embalse del Burguillo.


El sistema Central es un gran bloque elevado que se levanta en medio de la meseta castellana, compartimentado a su vez en una serie de bloque menores mediante sistemas de fallas. Estas fallas son fracturas en la corteza terrestre que se originaron al final de la orogenia Hercínica (Paleozoico), y se volvieron a activar con la orogenia Alpina, al final de la era Cenozoica. En este tramo de la sierra tienen dichas fallas la particularidad de presentarse ortogonalmente y con una clara orientación norte-sur y este-oeste, lo que explica por qué los ríos Gaznata y Balsaina en su confluencia con el Alberche, que se ajusta a la falla de la Rinconada, se crucen formando ángulos de 90º. En la fotografía aérea: 1, embalse del Burguillo; 2, puerto de Casillas; 3, pico Casillas; 4, pico Guisando; 5, desarrollo de la falla del Herradón; punto rojo, situación de la población madrileña de Echinospartum.



  


miércoles, 6 de febrero de 2013

Desolación



Así es como han dejado el pastizal junto al CTC en Coslada. Por favor, comparad la imagen con las de la entrada anterior que trataba del mismo lugar.
Es desolador ver la imagen.
Es desolador comprobar la insensibilidad de las autoridades.
Es desolador comprobar su desidia.
Es desolador comprobar su orden de prioridades.
Es desolador comprobar hasta donde se puede llegar.
Es desolador comprobar la ignorancia imperante. Alguien pensó que trasplantando unas matas a otro lugar se solucionaba el problema de la supervivencia de "las plantas raras esas", sin darse cuenta que las especies fuera de su medio ambiente pasan a ser jardinería. Lo mismo que los arcos, las columnas y las bóvedas destacan su valor cuando integran los elementos de una catedral, las plantas cobran sentido cuando forman parte de una comunidad vegetal. Ha costado generaciones que la sociedad entendiese que las catedrales forman parte del patrimonio artístico, y que hay que conservarlas a cualquier precio; sin embargo, el patrimonio natural, con la excepción de algún respetable estandarte, todavía no se tiene en consideración y siempre hay alguna excusa para posponer su protección. El pastizal del CTC, tenía (¿tiene?) un valor patrimonial extraordinario con su poderoso plantel de biodiversidad. Ahora ha sido roturado. Esperemos que no se llegue a más y todavía la naturaleza pueda recuperar el espacio perdido.