viernes, 4 de mayo de 2012

Descampado "Cuña de O´Donnell". Moratalaz. Madrid. 2-5-12 // 680 msnm




A medida que aumenta el tamaño de los núcleos urbanos los espacios de su periferia sufren un cambio de uso que tiene consecuencias en su medio ambiente. Estos ámbitos de transición entre lo rural y lo urbano experimentan un grado de abandono que dependiendo de las circunstancias puede dar lugar a lugares de interés natural con especies de flora y fauna sorprendentemente variadas. A menudo estos lugares son literalmente arrasados y se convierten en terrenos estériles que acogen escombros, basuras y desmanes de todo tipo. Por eso las administraciones eluden su adecuada gestión y los condenan a un estado de negligente abandono invalidándolos para el uso ciudadano. Finalmente, los planes urbanísticos suelen acabar con todo lo que allí existía, lo desagradable y también lo valioso, construyendo o ajardinando.
Es difícil vencer la mala fama de los descampados a causa de la suciedad y el gamberrismo que a menudo se apodera de ellos, pero desde aquí argumentamos a su favor porque además de sus valores naturales, presentan posibilidades didácticas, paisajísticas y de ocio que se tendrían que considerar. No se trata de defender porque sí cualquier lugar abandonado, sino de promover una gestión adecuada del territorio tras conocer científicamente su interés y potencial.
En torno a este tema de los descampados hemos desarrollado materiales divulgativos con los que se pretende despertar el interés por unos lugares tan próximos a los que la sociedad da la espalda. El conjunto se reune en una exposición al aire libre que se puede visitar en el Jardín Botánico de Madrid hasta el 15 de junio. Para consultarlos o descargarlos puedes dirigirte a este enlace: Descampados


Los descampados se ven sometidos a eventualidades que unas veces hacen de ellos vertederos, otras, aparcamientos, otras asentamientos chabolistas y otras, en el mejor de los casos, rincones donde la naturaleza prolifera. Cualquier limitación de acceso, por elemental que sea, hace que en cualquier solar proliferen la vegetación y en paralelo la fauna.
Con el fin de reconocer el valor de uno de estos espacios, nos internamos en un descampado del barrio de Moratalaz, al principio no sin cierta prevención, seleccionado entre otros muchos de similares características, por incorporar todos los aditamentos que les son propios: puntos con alto valor natural, asilvestramiento de carácter urbano con una cierta extensión de "neobosque", presencia de antiguas infraestructuras, basuras y escombros hasta el aburrimiento, tierras removidas, terraplenes, abonado complementario por perros, contacto con un importante núcleo de población, contacto impermeable con un colegio público de enseñanza secundaria, enormes posibilidades paisajísticas desaprovechadas, ajardinamientos anexos sin ton ni son...Veamos.
Nada más entrar, un reguero de desechos jalona el recorrido (fotos 1 y 2). Basura llama a basura y cuando un desaprensivo vierte escombros otros como él ven la puerta abierta. Lo peor es cuando alguien de manera sistemática decide hacer del sitio un vertedero de residuos (foto 3) y las autoridades lo consienten.








Menos mal que la vegetación nitrófila y de suelos removidos, ahora verde y florida (foto 4), lo tapiza todo  y contribuye a relajar la fuerte impresión inicial. Enseguida llama nuestra atención la leguminosa herbácea de flores blancas Ononis biflora (foto 14), aquí muy común. Los cantos de diversas especies de aves también ayudan en este sentido, sobre todo el alegre gorjeo de un grupo de abejarucos (Merops apiaster) aquerenciados en la zona. Hay que decir que nos encontramos a menos de 100 metros de viviendas habitadas y de un ambulatorio de la Seguridad Social, simplemente cruzando la calle Doctor García Tapia. Nos preguntamos si esta isla de escombros pasa desapercibida para el Ayuntamiento.




Enseguida cruzamos un impresionante seto de cambrón (Lycium barbarum) en flor, vestigio de lo que fueron los antiguos vallados del sur de Madrid, cuando se empleaban estas matas espinosas para separar. Su vigor y fragosidad ganan por poco al neobosque de ailantos (Ailanthus altissima) y olmos de Siberia (Ulmus pumila) que bordean la parcela escondiendo parcialmente los desechos (fotos 5 y 6). Estos bosques, formados por especies arbóreas no autóctonas (olmo de Siberia y ailanto fundamentalmente), aparecen en Madrid espontáneamente y son muy habituales de zonas alteradas donde la vegetación natural encuentra obstáculos para su desarrollo. Aparecen tras la instalación natural de un herbazal de buen porte donde el lastón (Piptatherum miliaceum) y la altabaca (Dittrichia viscosa) suelen ser algunas de las plantas características.






El valor ornitológico tanto de esta arboleda como la del seto y sus espacios colindantes quedan de manifiesto tras la lista de aves que anotamos en la zona. Es verdad que en esta época del año muchas de las especies de aves que se ven son visitantes durante su viaje migratorio, pero también es cierto que el lugar reune condiciones de alimento y refugio que atraen a los pájaros. Detectamos las siguientes especies:
Paloma torcaz
Tórtola turca
Tórtola común
Cotorra gris argentina
Vencejo común
Abejaruco común
Pito real
Golondrina común
Avión común
Petirrojo
Ruiseñor común
Mirlo
Zarcero común
Curruca cabecinegra
Curruca capirotada
Mosquitero papialbo
Mosquitero musical
Papamoscas cerrojillo
Mito
Carbonero garrapinos
Carbonero común
Alcaudón común
Urraca
Estornino negro
Gorrión común
Gorrión molinero
Verdecillo
Verderón común
Jilguero
Pardillo
Picogordo
Triguero
El trazado del antiguo ferrocarril de Arganda se reconoce claramente en la zona (foto 7), quizá uno de los pocos vestigios significativos que afloran cerca del centro de Madrid. Caminamos sobre el balasto en el que descansaban las vías del tren y reconocemos botánicamente sus laderas apreciando un interesante pastizal que ahora se encuentra en su momento óptimo de floración.




Uno de los aspectos que caracteriza a este descampado es el importante desnivel que articula los altos de Vicálvaro, muy próximos, con la vaguada del desaparecido arroyo Abroñigal, hoy día M-30. Unas laderas que suponemos harían las delicias de cualquier urbanista, máxime si se tiene en cuenta las vistas de Madrid que se aprecian desde la coronación, un mirador natural desaprovechado por el estado de degradación en el que se encuentra su base (ver foto de cabecera). El aspecto de estas vertientes (foto 8) sorprende en algunos puntos por su rusticidad y en aquellas que no son terraplenes artificiales se desarrollan interesantes pastos naturales con leguminosas diversas.




El nivel superior de este espacio natural actualmente ha sido ajardinado y se puede decir que es un sitio bastante concurrido, a pesar de su monotonía. En su mayor parte se ha repoblado con pinos bajo los cuales se desarrolla un pastizal efímero que ahora se encuentra en pleno apogeo (foto 9). Sin embargo, hay interesantes excepciones que tienen que ver con la litología y que obligan a tener precaución con la gestión de algunos puntos de esta zona ajardinada. Mientras en las cotas inferiores predominan sustratos arenosos con cierto componente margoso en las zonas más altas hay afloramientos de arcosas más silíceas donde aparecen plantas cuya distribución encuentra aquí su límite (Astragalus pelecinus, Lupinus angustifolius); más al sur y al este las arcosas van dando paso a los materiales evaporíticos característicos del sureste madrileño. El aspecto de este pastizal se puede ver en la foto 10






A lo largo del paseo realizamos un inventario de plantas de las que destacamos las que florecen ahora, dado el interés fenológico de este blog. Las especies que anotamos son las siguientes:
Alyssum granatense (foto 11)
Anacyclus clavatus
Anchusa azurea
Anthemis arvensis
Asphodelus fistulosus
Astragalus hamosus (foto 12)
Astragalus pelecinus
Astragalus sesameus
Bromus hordeaceus
Bromus madritensis
Bromus rubens
Buglossoides arvensis
Calendula arvensis
Capsella bursa-pastoris
Cardaria draba
Carduus bourgeanus
Carduus pycnocephalus
Carduus tenuiflorus
Cerastium dichotomum
Cerastium ramosissimum
Cnicus benedictus
Convolvulus arvensis
Crepis vesicaria
Descurainia sophia
Diplotaxis virgata
Echium plantagineum
Erodium ciconium
Erodium cicutarium
Erodium moschatum (foto 13)
Eruca vesicaria
Euphorbia helioscopia
Euphorbia serrata
Filago pyramidata
Fumaria officinalis
Galium aparine
Geranium molle
Geranium rotundifolium
Helianthemum ledifolium
Herniaria cinerea
Holosteum umbellatum
Hordeum murinum
Hypecoum imberbe
Lamium amplexicaule
Leontodon taraxacoides
Linaria micrantha
Linaria spartea
Lupinus angustifolius
Lycium barbarum
Malva neglecta
Malva sylvestris
Marrubium vulgare
Molineriella minuta
Muscari comosum
Muscari neglectum
Ononis biflora (foto 14)
Papaver rhoeas
Phalaris minor
Plantago coronopus
Plantago lanceolata
Plantago lagopus
Polygonum rurivagum
Reseda lutea
Salvia verbenaca
Scandix australis
Scorzonera laciniata
Senecio vulgaris
Silene decipiens
Sisymbrium austriacum
Sonchus oleraceus
Sonchus tenerrimus
Spergula arvensis
Spergularia rubra
Taraxacum obovatum
Taraxacum officinale
Tragopogon dubius
Tragopogon porrifolius
Trifolium tomentosum
Trigonella monspeliaca (foto 15)
Trigonella polyceratia
Vicia villosa
Vulpia ciliata
Vulpia muralis
Vulpia myurus















lunes, 13 de febrero de 2012

El Ventorrillo. Navacerrada (Madrid). 9-2-12 // 1500 msnm







Subimos a la sierra de Guadarrama para comprobar de qué forma afectan los últimos temporales de frío, viento y nieve a las poblaciones de aves de montaña. Llegamos a primera hora de la mañana con viento en calma, pero con una temperatura de cuatro grados bajo cero lo que hace pensar que esta larga noche invernal ha debido se bastante fría. El ambiente de la zona es el que recogen el par de fotos con el que encabezamos esta entrada: foto 1, pinar de Pinus sylvestris y foto 2, macizo de Siete Picos 
Recorremos algo menos de un kilómetro y medio por un pinar de Pinus sylvestris que todavía conserva un somero manto blanco debido a las nevadas de estos últimos días, comprobando cómo el almacén de recursos alimenticios que ofrecen tanto las ramas como la corteza de estas coníferas es capaz de mantener una, hasta cierto punto, boyante población de pájaros, en su mayor parte no migradores. 
Se sabe que parte de estas aves se dispersan fuera de sus lugares de cría, a menudo por cotas más bajas y principalmente durante la invernada, lo que seguramente explica, por ejemplo, la presencia más o menos frecuente en esta época de carboneros garrapinos (Periparus ater) o herrerillos capuchinos (Lophophanes cristatus) en la campiña meseteña meridional; sin embargo son muchos los que permanecen fieles a sus lugares de origen manteniéndose en sus alrededores incluso en los periodos más fríos con densidades a veces en absoluto desdeñables (2,6 aves/ha y 2,0 aves/ha, respectivamente en el caso de los citados garrapinos y capuchinos). 
Resulta curioso observar a estas mismas aves esquivando la caída de los copos de nieve retenidos por el ramaje, mientras buscan alimento.



Se oyen los cantos de algunas especies, si bien de la mayoría de ellas solo se escuchan reclamos, aun así es previsible que en un par de semanas muchas de ellas empezarán a ocupar sus territorios de cría y la sierra se llenará de una algarabía de cantos. Los tamborileos de los pico picapinos también son frecuentes ahora.
Las aves que detectamos durante el recorrido que comentamos al principio son las habituales en este tipo de medios y no hay nada fuera de lo común. Su listado es el siguiente:
Buitre leonado
Azor
Pito real
Pico picapinos
Mirlo común
Zorzal charlo C
Mosquitero común
Reyezuelo sencillo
Herrerillo capuchino C
Carbonero garrapinos C
Herrerillo común
Carbonero común C
Trepador azul
Agateador común
Pinzón vulgar
Verderón serrano
Jilguero
Piquituerto





Para ver que ocurre todavía en cotas más altas, subimos al puerto de Navacerrada (1860 m) y hacemos un par de recorridos por la zona en busca de aves. Hay bastante nieve, como se puede ver en las fotos, y se aprecia que tanto la diversidad como la abundancia de aves decrece considerablemente con respecto a la prospección anterior, si bien es cierto que siempre a mediodía la actividad de éstas siempre desciende. Lo que se detecta por la zona es lo siguiente:
Buitre leonado
Acentor alpino
Herrerillo capuchino
Carbonero garrapinos, el más abundante
Carbonero común
Trepador azul
Corneja negra
Cuervo
Pinzón vulgar
Verderón serrano
Jilguero
Pardillo
Piquituerto






Foto 5: Piornal de Cytisus oromediterraneus cubierto de nieve a los dos días de una cellisca. Los árboles son pinos albares.
Foto 6: Aspecto del pico Maliciosa (2227 m).
Foto 7: Aspecto del pinar de Pinus sylvestris en la vertiente segoviana del puerto de Navacerrada.







martes, 17 de enero de 2012

Campo del Moro. Madrid 14-1-2012 // 600 msnm







Muchas especies de aves pasan la noche en dormideros comunales donde a menudo se reunen miles de individuos. Los ejemplares que componen el dormidero pasan el día comiendo por lugares, a menudo situados a decenas de kilómetros, y al atardecer acuden al lugar de reunión a lo largo de un periodo variable que puede durar varias horas. Aunque hay dormideros al final de la época de cría lo normal es que éstos funcionen diariamente lo que dura el periodo de estancia de los invernantes mediterráneos, es decir de octubre a abril. También hay que decir que algunos dormideros duran décadas mientras que otros cambian de emplazamiento debido a molestias o daños en el hábitat.
En algunas especies los comederos se encuentran bastante localizados, pero en otras sus fuentes de alimento se hallan dispersas y ello hace que la entrada al dormidero se realice desde diferentes direcciones; sin embargo, en el caso de los dormideros urbanos, que es de lo que aquí se trata, siempre se aprecia una componente direccional principal. Una sugerente teoría propone que los dormideros, además de tratarse de puntos de reunión con evidentes ventajas en cuanto a la seguridad para sus componentes, determinan lugares de encuentro donde las aves recogen información relativa a la disponibilidad de alimento de acuerdo con la actitud de los diferentes grupos que lo integran (al no comportarse igual las aves que han comido abundantemente y las que no al día siguiente se seguiría a las más lozanas), en fin...
Un lugar interesante para observar este fenómeno de los dormideros es la ribera del Manzanares donde el río entra en la ciudad de Madrid. Aquí, además de contemplar el camino de ida de las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) y sombrías (Larus fuscus) hacia su dormidero situado en el embalse de Santillana (hablamos de unas 50.000 aves), se encuentran pequeños dormideros de urraca (Pica pica) (algo más de 100 ejemplares) y grajilla (Corvus monedula) (cerca de 300 ejemplares). Sin embargo el más notable de todos es el de palomas torcaces (Columba palumbus) situado en los jardines del Campo del Moro que supera ligeramente los 11.000 ejemplares. El parque es un espacio forestal ajardinado contiguo al Palacio Real que cuenta con arbolado denso y longevo (curiosamente al seguir su recorrido para ver de donde vienen -no pasan por el pueblo del Pardo- llego hasta la cancela del Palacio de la Zarzuela, se ve que son unas aves muy ilustres).
La mayoría de las palomas torcaces llega desde el norte (una pequeña proporción viene de la Casa de Campo), de la zona del Pardo, siguen el valle del Manzanares, atraviesan el Parque del Oeste y entran en el Campo del Moro. La llegada comienza a las 14,00 hora solar y finaliza a las 17,00 h, después de ponerse el sol. Las palomas entran en grupos de 20 a 500 individuos ( a veces aisladas) con un flujo máximo que tiene lugar de 16,00 a 16,35 cuando entran alrededor de 1000 ejemplares cada 5 minutos.
La paloma torcaz ha adquirido un aumento demográfico en la ciudad de Madrid a partir de la década de los 90 y además los dormideros urbanos de esta especie se han vuelto  habituales, incluso al final del verano.

lunes, 2 de enero de 2012

Valle del Riato. Berzosa del Lozoya. Madrid. 27-12-2011 // 1300 m






Visitamos los confines madrileños del conjunto montañoso Somosierra - Ayllón, donde el Sistema Central remata su extremo oriental. La zona está constituida por un conjunto de abruptas alineaciones montañosas orientadas muy a menudo en dirección norte-sur que son el resultado de uno de los accidentes geológicos más interesantes de esta parte de la península: la Falla de Berzosa. Esta costura que atraviesa la sierra de parte a parte separa litologías bien distintas, y en consecuencia diferentes modelados del relieve cuyo resultado final son los característicos paisajes locales, tan diferentes a los del resto de la sierra madrileña. Si al oeste de la falla el roquedo está compuesto por esquistos, neises y granitos al este, donde nos encontramos, predominan cuarcitas y pizarras (foto 1) que se disponen en bandas determinando irregulares orografías con vivos resaltes cuarcíticos (foto 2).





El monte está presidido por interminables repoblaciones de pinos de diversas especies: resineros (P. pinaster), negrales (P. nigra) y albares (P. sylvestris), nítidamente delimitadas por monótonos matorrales de jara pringosa (Cistus ladanifer) y estepa (Cistus laurifolius) que a veces conviven con cantuesos (Lavandula pedunculata), torviscos (Daphne gnidium) y, cuando el suelo es algo más profundo y más fresco, rosales como Rosa micrantha y Rosa corymbifera; además cuando el sustrato es de pizarra también aparece romero (Rosmarinus officinalis) que por aquí aun no florece. 
Los cauces que atraviesan estas laderas se enriquecen con un grupo de plantas ribereñas entre las que se reconocen: brezo blanco (Erica arborea, Sarga negra (Salix atrocinerea), majuelo (Crataegus monogyna) y algún arce de Montpellier (Acer monspessulanum). El rastro que estas alineaciones marcan en el paisaje se hace bien evidente también en esta época del año cuando los sotillos que forman han perdido la mayor parte de sus hojas (foto 3).




A pesar de la pobreza del sustrato es estimulante constatar el vigor de la vegetación, por ejemplo en las cicatrices que los cortafuegos dejan en el monte cuyo espacio, en apariencia estéril, se ve inmediatamente envuelto en una dinámica de recolonización vegetal del espacio perdido (foto 4). Si el cortafuegos no se mantiene con el esfuerzo humano el suelo se cubrirá la próxima primavera de un herbazal que con el transcurso de los años se irá salpicando de jaras. En poco tiempo el jaral se habrá vuelto a adueñar de lo ahora descarnado e incluso algún enebro comenzará a sobresalir aquí y allá.




Estos jarales tan esquivos a lo forestal y que se perpetúan durante décadas al amparo del pobre sustrato rocoso, sin embargo admiten algunos pinos jóvenes que colonizan los espacios contiguos a las repoblaciones (foto 5). Se trata principalmente de pinos resineros, pero también de algún albar que delatan con su espontánea presencia su viabilidad a largo plazo.




El invierno en estas sierras debe ser duro: las yemas de las sargas negras que suelen florecer en enero casi no han engordado y las semillas de las herbáceas que han germinado este otoño apenas han desarrollado algo más que los cotiledones o las hojas inmediatamente posteriores (foto 6).




Con poco más de nueve horas de luz para poder alimentarse y las bajas temperaturas nocturnas que se registran en la zona en esta época del año resulta sorprendente la presencia de una cierta variedad de aves de metabolismo admirable cuyo peso en ocasiones sobrepasa escasamente los 10 gramos. Es cierto que la cantidades de aves no son en absoluto numerosas si las comparamos con las que viven unos kilómetros al sur, por ejemplo en el valle del Jarama, pero sí son significativas y merece la pena tenerlas en cuenta. Destacan entre las observaciones un grupo de 20 perdices rojas (Alectoris rufa) y densidades interesantes de algunos pájaros de matorral como el acentor común (Prunella modularis) (1,4 aves/ha), el mirlo (Turdus merula) (1,4 aves/ha), la curruca rabilarga (Sylvia undata) (0,7 aves/ha) y el escribano montesino (Emberiza cia) (1,1 aves/ha). Todas ellas se registran en un recorrido en el que se prospectan 5,5 hectáreas de jaral con algún seto intercalado que es donde se detectan los mayores aquerenciamientos. El listado de aves que detectamos a lo largo de la mañana es el siguiente:
Buitre leonado
Ratonero
Perdiz
Pito real
Totovía
Chochín
Acentor común
Petirrojo
Mirlo común
Zorzal charlo
Curruca rabilarga
Mosquitero común
Reyezuelo listado
Herrerillo capuchino 
Carbonero garrapinos
Herrerillo común
Agateador común
Alcaudón real
Arrendajo
Cuervo
Pinzón vulgar
Verdecillo
Verderón común
Jilguero
Lúgano
Pardillo común
Escribano montesino





viernes, 21 de octubre de 2011

Maqueda (Toledo). 16-10-2011 // 500 msnm

El espacio comprendido entre los cursos de los ríos Tajo y Alberche, a la altura de Maqueda, está presidido por cultivos de secano que se intercalan con modestos cursos fluviales donde resaltan alineaciones de arboledas o arbustedos. El territorio está ocupado por grandes extensiones de cereal intercaladas de vez en cuando por viñedos. 







Este año aún no han llegado las típicas lluvias de octubre, así que el terreno se encuentra muy agostado con los barbechos y roturados grises y los baldíos entre ocres y amarillentos. Las floraciones de los interfluvios casi han desaparecido, pero aun así encontramos herbáceas activas en las cunetas y en algunos campos arados. 




La planta que predomina ahora en los bordes de los caminos es la grama (Cynodon dactylon) que gracias a su ciclo tardío forma densos y mullidos herbazales acompañada de algunas otras plantas en flor:
Chenopodium album
Chondrilla juncea
Cichorium intybus
Conyza canadensis
Dittrichia graveolens
Epilobium brachycarpum
Foeniculum vulgare
Pulicaria arabica (foto 1)
Tribulus terrestris (la cruz de los ciclistas) (foto 2)






En los campos roturados y en los rastrojos, principalmente en los situados en zonas de vaguada donde se mantiene un residuo de humedad edáfica, también son comunes ciertas herbáceas que tienen la facultad de colonizar en pocas semanas grandes superficies de cultivo. Entre las más habituales destacan:
Cucumis myriocarpus (foto 3)
Solanum nigrum
Portulaca oleracea (foto 4)






Y también una euforbiácea muy común que tiñe de un verde ceniciento estos campos: el tornasol. La Chrozophora tinctoria (foto 5) como se denomina en latín a esta planta tiene una sustancia colorante que se usó en tiempos pasados para teñir tejidos e incluso alimentos. Con ella se prepara una tintura que tiene la facultad de pasar del color azul al rojo al ponerse en contacto con sustancias ácidas, por lo que se utiliza para elaborar el papel tornasol, un reactivo de uso frecuente en laboratorio para conocer el pH.




En un arroyo de la zona dominado por sauces, fresnos, chopos y eneas encontramos asimismo algunas especies herbáceas que florecen ahora. La que es menos habitual para nosotros es el Heliotropium supinum (foto 6), pero también hay:
Althaea cannabina
Bryonia dioica
Epilobium hirsutum
Mentha suaveolens




La morfología del terreno es suave, pero cuenta con ligeras elevaciones desde las que se divisan enormes extensiones de territorio. Desde éstas, ahora que el sol no calienta mucho, resulta cómodo emplazar el telescopio y realizar barridos ornitológicos que siempre traen alguna sorpresa. Lo que en un principio se antojaba como un lugar soso y sin apenas interés, a medida que se va prospectando, muestra su riqueza de aves potenciada sin duda por las fechas de paso migratorio en que nos encontramos. No solo son los bandos de grullas, que observamos volando hacia el suroeste, las que nos ponen en aviso de esta situación migratoria general, sino la aparición de especies nuevas, la variedad, las cantidades crecientes de aves y por los agrupamientos de pájaros con hábitos invernales predominantemente solitarios, como en el caso del colirrojo tizón (en el centro de la península, esta especie tiene una acusada presencia en la segunda quincena de octubre). Además, aunque la actividad desciende algo a partir de media mañana, la mayoría de las aves se mueven incluso después del mediodía.
Buena parte de las que se ven son especies "sedentarias" e invernantes que pasarán la estación fría en el entorno mediterráneo; sin embargo, también queda algún migrador transahariano, como la collalba gris, la golondrina común, el águila calzada y la culebrera que andan rezagadas, seguramente al amparo del benigno tiempo que nos acompaña este otoño. Las especies que anotamos a lo largo de la mañana son las siguientes:
Garcilla bueyera
Garza real
Ánade azulón
Elanio azul
Milano real
Buitre leonado
Buitre negro
Águila culebrera
Aguilucho lagunero
Aguilucho pálido
Gavilán común
Ratonero común
Águila imperial
Águila real
Águila calzada
Cernícalo vulgar
Perdiz roja
Rascón
Polla de agua
Grulla común
Sisón 
Avutarda
Avefría
Andarríos grande
Paloma bravía
Paloma torcaz
Tórtola turca
Mochuelo
Pito real
Cogujada común
Cogujada montesina
Totovía
Alondra común
Golondrina común
Bisbita común
Lavandera cascadeña
Lavandera blanca
Chochín
Petirrojo
Colirrojo tizón
Tarabilla común
Collalba gris
Mirlo común
Zorzal común
Ruiseñor bastardo
Buitrón
Curruca cabecinegra
Curruca capirotada
Mosquitero común
Mito
Herrerillo común
Carbonero común
Agateador común
Pájaro moscón
Alcaudón real
Urraca
Grajilla
Estornino negro
Gorrión común
Gorrión moruno
Gorrión molinero
Gorrión chillón
Pinzón vulgar
Verdecillo
Verderón común
Jilguero
Pardillo común
Triguero
Nos llama la atención la presencia de cogujadas montesinas en campos de cultivo, los primeros banditos de alondras asentados (en esta época se oyen alondras volando por todas partes) y la presencia de casi todos los invernantes que pasarán por aquí la estación fría: bisbitas, chochines, lavanderas, zorzales, mosquiteros y pinzones. Las únicas que oímos cantando son el triguero y el ruiseñor bastardo, y observamos a los gorriones morunos alimentándose de semillas de Bassia scoparia y Conium maculatum, sí, de cicuta, en esta última en compañia de un bandito de pardillos. Las grullas que vemos hoy son las primeras de esta temporada, varios bandos entre 30 y 70 ejemplares que al igual que hemos constatado otros años pasan por aquí a partir del mediodía. Se conoce que los dormideros deben estar a unos 200-300 km (?) y llegan a estas horas siempre.
Saludos



martes, 2 de agosto de 2011

Campamento. Madrid. 31-7-2011 // 700 msnm





Cerca del nacimiento del arroyo de los Meaques y antes de entrar en la Casa de Campo de Madrid, la cuenca de este curso fluvial, tributario del Manzanares, se halla cubierta por una de las mejores representaciones de retamar de toda la Comunidad (fotos 1 y 2); unas 800 ha que durante años estuvieron dedicadas a campo de entrenamiento del ejército. Actualmente, todo este territorio y una parte contigua donde se ubicaban los cuarteles militares, es lo que integra la conocida como Operación Campamento cuyo objetivo es la construcción de equipamientos y miles de viviendas.
En el Plan General de 1997 este suelo, que tenía la categoría de protegido, paso a urbanizable y a pesar de una sentencia del Tribunal Supremo de 2007 donde se reconocía la ausencia de justificación para desproteger este ámbito, actualmente en "Ecologistas en Acción" se trabaja para solicitar la ejecución de dicha sentencia, con el fin de evitar su destrucción.






Creemos que una sociedad desarrollada debería reconocer, admirar y proteger su patrimonio biológico, y que desperdiciar el espacio desmantelándolo, sin aceptar su valor, es una actitud absurdamente inconsciente.
En esta época del año, los pastizales de la campiña se encuentran completamente agostados, lo cual no quiere decir que no haya plantas cumpliendo sus ciclos vitales. El paisaje del retamar, ahora, tiene una estética particular con predominio de amarillos, pardos y verdes grisáceos que contrastan vivamente con los verdes intensos de los sotos y sotillos fieles a los recorridos del Meaques y sus afluentes. Todos estos cursos tienen carácter estacional de modo que ahora bajan secos (foto 3); su aspecto es el de los típicos ríos de arena, tan característicos de todas estas zonas detríticas de la campiña madrileña, al oeste del Jarama. 




Mientras en los cursos de agua el subsuelo contiene un cierto grado de humedad edáfica, debido a la proximidad del acuífero, en los interfluvios colindantes el agua subterránea se halla a gran profundidad, y es inaccesible para las raíces de la mayoría de las plantas. Esto determina la diferencia de colores, ciclos vitales y fisiología entre las plantas que viven en uno u otro lugar.
Caminar a mediodía a través del retamar es bastante agobiante debido a un sol inclemente que no se aplaca con sombra alguna; los únicos acompañantes por aquí son algunos aviones comunes (Delichon urbica) y vencejos (Apus apus) que sobrevuelan el dosel arbustivo a la caza de insectos, y también los conejos (Oryctolagus cuniculus) que abundantemente pueblan estos campos. Los sotillos, en cambio, siguen con bastante actividad ornítica. Es cierto que a partir de las diez de la mañana (h. o.) dejan de detectarse la mayor parte de las aves que a primera hora de la mañana se movían por aquí, pero aun así hay actividad todo el rato, sobre todo en los sotos mejor conservados y en el remanso artificial del Meaques, responsable de un interesante encharcamiento ahora cubierto de lenteja de agua (Lemna minor) (foto 4). La diferencia entre uno y otro ámbito estriba no solo en la propia sombra de las arboledas, sino también en el continuo bombeo de agua generado por las plantas del soto que al emitirlo a la atmósfera en forma de vapor de agua produce un descenso de temperatura, como vemos cada vez más en las terrazas de algunos bares.




La naturaleza del sustrato local no es muy rica que digamos; se trata de uno de esos depósitos arenosos de campiña procedentes de la alteración del roquedo silíceo de la sierra: materiales que ofrecen suelos bastante pobres por la escasez de bases y además terrenos fácilmente disgregables. Aquí, cerca de la divisoria de aguas que vierten por un lado al Guadarrama y por otro al Manzanares, las alomadas laderas en general son bastante suaves, pero allí donde se acusa la pendiente, si el tomillar no se instala, el efecto de la erosión se acrecienta mediante la instalación de una red de regueros y pequeños acarcavamientos que no hacen sino buscar una nueva pendiente de equilibrio (foto 5).




Sin embargo, asombra la riqueza botánica que encierra este lugar, seguramente debido a la escasez de insecticidas y fertilizantes recibidos, dada su particular dedicación anterior. Se advierte la presencia de bastantes especies no autóctonas, entre las cuales destacan en el paisaje las de carácter leñoso (moreras, acacias, ailantos olmos de Siberia, cambrones, etc); algunas de ellas han sido capaces de asilvestrarse a partir de condiciones biológicas favorables, dando lugar a individuos capaces de reproducirse libremente. También llama la atención el nutrido pastizal que engrosa con mucho la mayor parte del listado que se ofrece a continuación; apenas damos un paseo que dura unas horas e inventariamos cerca de ciento cincuenta especies de plantas, a pesar de que la fecha quizá no sea la más favorable. Visitamos distintos ambientes: retamares, eriales más o menos nitrificados, solares, pastizales de plantas anuales, cursos fluviales, formaciones palustres, pinares de piñonero, y para trasladar la información de forma más digerible separamos, como en otras ocasiones, entre plantas arbóreas, arbustivas y herbáceas. Las especies de mayor interés local aparecen subrayadas:
Especies arboreas:
Ailanto (Ailanthus altissima)
Fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia)
Acacia de tres espinas (Gleditsia triacanthos)
Morera (Morus alba)
Pino piñonero (Pinus pinea)
Álamo blanco (Populus alba)
Chopo negro (Populus nigra)
Encina (Quercus ilex), muy escasa
Falsa acacia (Robinia pseudoacacia)
Sauce blanco (Salix alba)
Sauce llorón (Salix babylonica)
Olmo (Ulmus minor)
Olmo de Siberia (Ulmus pumila)


Especies arbustivas y cañas:
Caña (Arundo donax)
Majuelo (Crataegus monogyna)
Polígono ruso (Fallopia baldschuanica) FL
Cambrón (Lycium barbarum) FL (foto 6)
Carrizo (Phragmites australis)
Retama (Retama sphaerocarpa) (foto 2)
Rosal silvestre (Rosa canina var. squarrosa)
Rosal silvestre (Rosa micrantha)
Zarzamora (Rubus ulmifolius)
Sisallo (Salsola vermiculata). Destaca la presencia de un único ejemplar fijando el límite de su área de distribución, dado que prefiere suelos con cierta basicidad.
Sarga negra (Salix atrocinerea)
Bardaguera blanca (Salix salviifolia)
Taray (Tamarix canariensis) FL (foto 7)
Tomillo (Thymus zygis)
Espadaña (Typha latifolia) (foto 8)








Especies herbáceas:
Achillea filipendulina FL
Aira caryophyllea
Agrostis castellana
Amaranthus albus FL
Amaranthus blitoides
Andryala integrifolia FL
Aphanes sp.
Astragalus hamosus
Bartsia trixago
Brassica barrelieri
Bromus hordeaceus
Bryonia dioica
Cardaria draba
Carduus pycnocephalus
Carduus tenuiflorus
Carlina corymbosa FL
Carthamus lanatus
Centaurea calcitrapa FL
Centaurea castellanoides
Centaurea melitensis
Centaurea ornata FL
Chenopodium botrys
Chenopodium multifidum
Chondrilla juncea FL
Chrozophora tinctoria FL
Cichorium intybus FL
Cirsium vulgare
Conium maculatum
Crepis capillaris
Cynara cardunculus FL (foto 9)
Cynodon dactylon FL
Cynoglossum cheirifolium
Cyperus longus (foto 10)
Daucus carota FL
Delphinium gracile FL
Diplotaxis catholica
Dittrichia viscosa
Dittrichia graveolens
Echium vulgare FL
Epilobium hirsutum
Eryngium campestre
Euphorbia peplus
Filago lutescens
Foeniculum vulgare FL
Galium parisiense
Glycyrhiza glabra
Helianthemum aegyptiacum
Heliotropium europaeum FL
Hirschfeldia incana
Hordeum murinum
Hypericum perforatum FL
Juncus effusus (foto 11)
Juncus inflexus (foto 12)
Lemna minor
Leontodon taraxacoides
Linaria spartea FL
Logfia gallica
Logfia vulgaris
Lycopus europaeus
Malva sylvestris FL
Marrubio (Marrubium vulgare) FL
Medicago sativa FL
Melica ciliata
Mentha suaveolens FL
Neatostema apulum
Ononis spinosa FL
Onopordum acanthium FL
Onopordum illyricum
Onopordum nervosum
Papaver rhoeas
Papaver somniferum
Phyla filiformis FL (foto 13) Especie foránea que se aclimata en el litoral peninsular, pero muy rara en Madrid
Picnomon acarna FL
Picris echioides FL
Piptatherum miliaceum
Plantago coronopus
Plantago lagopus
Plantago lanceolata
Poa bulbosa
Polygonum aviculare
Polygonum persicaria
Polypogon sp.
Portulaca oleracea
Potentilla reptans
Pulicaria arabica FL (foto 14)
Reseda luteola
Rumex acetosella
Rumex cristatus
Rumex pulcher
Sanguisorba sp.
Saponaria officinalis
Scirpoides holoschoenus
Scolymus hispanicus FL
Scrophularia auriculata
Senecio jacobaea FL
Silene colorata
Silybum marianum
Solanum dulcamara FL
Solanum nigrum
Sonchus tenerrimus
Spergularia rubra
Stipa lagascae
Taeniatherum caput-medusae
Thapsia villosa
Torilis sp.
Tribulus terrestris FL
Trifolium angustifolium
Trifolium campestre
Tuberaria guttata
Urtica dioica
Verbascum pulverulentum FL
Verbascum sinuatum FL
Verbascum virgatum FL
Verbena officinalis FL
Vulpia sp.
Xanthium spinosum














El tapiz vegetal de la zona de Campamento, esbozado superficialmente más arriba, se organiza en una serie de hábitats donde vive una fauna bastante diversa. Prestamos principalmente atención a las aves que se revelan como buenos indicadores de la calidad ambiental y advertimos ante todo la diversidad de especies que ocupan el lugar. Es cierto que muchas de ellas ahora se encuentran realizando movimientos postnupciales de diverso rango, pero la realidad es que todas ellas utilizan el lugar como fuente de alimento en algún momento de su ciclo anual.
Destacan las cantidades de aviones comunes (Delichon urbica) y palomas torcaces (Columba palumbus) que atraviesan la zona. Los primeros, a menudo en compañía de bandos de vencejos (Apus apus), sobrevuelan a diferentes altitudes emitiendo sus característicos reclamos, y las torcaces en interminable goteo, dirigiéndose en dirección norte o noreste, seguramente desde algún dormidero próximo (¿Alcorcón?) a comederos extraurbanos, como hemos observado por ejemplo en la zona de El Retiro. Si la mayoría de los aviones se encuentran en pleno viaje migratorio y no volverán hasta el año próximo, las torcaces regresarán por la noche a los sesteaderos nocturnos.
Apenas se escuchan ya cantos, tan solo algunos tímidos "que parecen más confusiones que otra cosa". Los sonidos que predominan ahora son los reclamos de cohesión que se prolongarán hasta la primavera que viene. Además de los de las urracas (Pica pica), los que más llaman la atención por su estridencia son los de unas aves exóticas de procedencia sudamericana que se han instalado en la zona desde hace unas décadas, las cotorras grises argentinas (Myopsitta monachus). Aquí las vemos alimentándose de las semillas de cardillo (Scolymus hispanicus) que es un recurso bien común en la zona.
Las aves que detectamos en la zona, como en otras ocasiones acompañadas de unas cantidades de carácter estimativo, son las siguientes:
Zampullín chico, 1
Cigüeña común, 1
Ánade azulón, 2
Águila calzada, 1
Perdiz roja, 5
Polla de agua, 10R
Paloma bravía, 3
Paloma torcaz, 400 R
Paloma zurita, 2
Tortola común, 1 R
Cuco, 1
Vencejo común, 100 R
Vencejo pálido, 3
Abejaruco común, 30 R
Abubilla, 1
Pito real, 10 R
Pico picapinos, 1 R
Avión zapador, 1
Golondrina común, 30 R
Golondrina daúrica, 10 R
Avión común, 200 R
Lavandera blanca, 2 R(C)
Petirrojo, 2 R
Ruiseñor común, 3 R(C)
Mirlo común, 8 R
Ruiseñor bastardo, 2 C
Carricero común, 1R
Curruca carrasqueña, 1 R
Curruca cabecinegra, 2 R
Curruca zarcera, 1
Mosquitero papialbo, 2 R(C)
Mosquitero musical, 1R
Mito, 5 R
Herrerillo común, 3 R
Carbonero común, 4 R
Agateador común, 6 R
Alcaudón común, 1
Urraca, 20 R
Grajilla, 2 R
Estornino negro, 10 R
Gorrión común, 7 R
Gorrión molinero, 5 R
Verdecillo, 25 R
Verderón común, 20 R
Jilguero, 20 R
Escribano soteño, 1 R
Cotorra gris argentina, 40 R
Donde R son reclamos y C, cantos